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Según sea el origen de las aguas que discurren por la superficie del terreno, las aguas superficiales terrestres se clasifican en tres grupos: de escorrentía superficial, de escorrentía subterránea, y de origen subterráneo; el grupo más significativo en Tenerife es la escorrentía superficial generada con la lluvia.

Para que las lluvias generen escorrentía, las precipitaciones deben alcanzar cierta intensidad y han de superar cierto umbral. Este umbral presenta notables diferencias de un lugar a otro de Tenerife y tiene,  como causa principal, la heterogeneidad en la permeabilidad de los materiales de cobertera.

Ante la dificultad de medir la escorrentía por métodos directos, el CIATF ha desarrollado un Modelo matemático de Hidrología de Superficie (MHS), que caracteriza la isla en 51.646 celdas cuadradas de 200 m de lado. El MHS permite obtener información, a distintos niveles de agregación temporal y espacial, acerca de los términos que integran el balance hídrico (precipitación, evapotranspiración, escorrentía e infiltración).

Los resultados del MHS para los últimos 30 años indican que de los 867 hm3/año de precipitación total media, unos 40 hm³/año se convierten en recursos superficiales. De ellos, la mayor parte se infiltra al circular por los cauces y  sólo 7 hm³/año (apenas el 1%) discurren hasta el mar. El aprovechamiento en 2005 fue de  0.5 hm3/año.


La escorrentía, aunque muy espectacular, sólo representa el 1% de la pluviometría.
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