Las galerías son túneles de escasa pendiente, con una sola entrada (bocamina), perforadas con el objetivo de alumbrar agua. Dependiendo de su longitud y de las características del aprovechamiento se clasifican en: convencionales, nacientes, socavón y pozos.
En 2005 el número de galerías supera el millar (1.055) con una longitud total perforada de 1.708 km. El caudal conjunto aportado por este tipo de captación (118,6 hm3/año) es un 27 % inferior al suministrado en 1985, y continuará descendiendo (en 2015 un 11% inferior a 2005). Más significativa que la reducción total en la aportación a nivel insular son las variaciones territoriales, al existir municipios que en los últimos 20 años han experimentados mermas superiores al 50 %.
El subtipo más representativo es la galería convencional: perforaciones profundas ejecutadas con la intención de drenar la zona saturada general. La longitud media de las galerías convencionales con agua supera los 3 km y, a través de ellas, se capta el 94 % del caudal aportado por este tipo de obra. Sobre un total de 491 galerías convencionales, 346 tienen agua y de ellas sólo algunas más de 40 alumbran un caudal superior a los 20 L/s (150 pp/h), lo que da una idea de la enorme dispersión y variabilidad de estos aprovechamientos.
La actividad de perforación y captación asociada a las galerías ha menguado significativamente en las últimas décadas. Los costes en mano de obra, explosivos y medidas de seguridad se han elevado muchísimo, al tiempo que los volúmenes aprovechados se han reducido. Sólo las obras avanzadas, con buenas perspectivas geohidrológicas y con una comunidad de propietarios con iniciativa pueden hacer frente al reto, que requiere tesón ante la incertidumbre. Además de por las restricciones administrativas derivadas de la sobreexplotación, hoy es impensable acometer la obra de una galería nueva.