Hasta hace sólo unas décadas Tenerife era una isla de economía fundamentalmente agrícola. A los cultivos tradicionales de secano característicos de las medianías, se les sumaron vastas extensiones en las zonas bajas cuando se dispuso de agua para el regadío. Incluso en el sur, se crearon suelos de cultivo transportando la tierra con el fin de incrementar la productividad, ante la posibilidad de disponer de caudales en una zona tradicionalmente seca.
Junto a la garantía de suministro, la calidad del agua es una preocupación de los usuarios. La calidad incide sobre el rendimiento de los cultivos y la conservación de los suelos.
El incremento en la producción de aguas regeneradas permitirá poner a disposición nuevos caudales para uso agrícola, cuando éstos cumplan con los criterios de calidad del R.D. 1620/2007.
El Plan plantea que aún cabe una mejora en la eficiencia de riego en finca, principalmente en plantaciones de plataneras, en ciertas comarcas de la Isla (Valle de la Orotava).